Adiós y gracias

De un tiempo a esta parte, cuando comenzaba el año siempre le preguntaba al Santo, ¿será éste el año en el que se muera Suárez? Asimismo, cuando llegaba el verano y mi Santa Madre se instalaba en Las Navas, le preguntaba ¿se ha muerto Manolo Campano? Manolo Campano fue un señor que fue alcalde durante 13 años e hizo mucho por el pueblo. Era un hombre peculiar, con sus cosas, pero con un gran corazón. Seguro que conoció a Suárez y le invitó a comer a su restaurante. Y mira que cosas tiene la vida que Manolo Campano falleció hace diez días y ayer lo hizo Adolfo Suárez. 
Ayer, para mi, fue un día extraño. Por un lado disfruté, informativamente hablando. Se me pasó la tarde volando mientras escuchaba a unos y otros narrar los entresijos de la transición española y también deshacerse en alabanzas hacia el primer presidente de la democracia. Dicen por ahí que a los calvos siempre se les recuerda con melena. Pero yo creo que lo que se está diciendo de Suárez se está diciendo de corazón. Al fin y al cabo él fue el arquitecto del edificio donde todos vivimos ahora. 
Pero por otra parte sufrí. No pude evitar emocionarme viendo a su hijo agradecer la labor de la prensa sin poder contener las lágrimas o viendo el repaso de su vida, la vida de un hombre comprometido, amante de su familia, familia azota por el cáncer y finalmente por el Alzehimer, dos de los grandes males del siglo XXI.
Se ha ido un hombre coherente, convencido de sus ideas, de su ideología, demócrata por encima de todo,  un hombre que reformó la España franquista para convertirla en una España demócrata. Un dirigente sencillo, transparente, que invitaba al diálogo y al consenso, un hombre que podía prometer y prometió. Ojala que todo lo que se está hablando de él remueva la conciencia de los políticos. Pero no solo de los que gobiernan, sino de todos. Suárez decía que el poder se tiene mientras se ejerce y su única legitimidad es la entrega total al servicio de los demás. ¡Qué difícil es eso de la entrega total al servicio de los demás! Porque ahora, ¿para quien es la entrega de los políticos? ¿En beneficio propio?¿en el de su partido? ¿en el de sus propios intereses? 
Tristemente ya no podré preguntar por esos dos abulenses que tanto hicieron por el pueblo. Porque los dos, cada uno en su estilo y en su
magnitud, hicieron mucho por los demás. Eran políticos de raza, de
calle, de entrega. Políticos de los que ya no quedan. Y los dos nos han abandonado en el mismo año y en el mismo mes. Cosas del destino. Desde aquí a los dos les digo adiós y gracias.
FELIZ LUNES

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