El colechador, ¿nace o se hace?

No soy partidaria del colecho. La verdad es que no lo veo práctico ni para la pareja ni para el bebé. Pero ojo, que ni creo estar en posesión de la verdad y respeto muchísimo a la gente que lo práctica. Es más, admiro mucho a las personas que consiguen descansar con el bebé en la cama, y no te quiero ni contar cuando son dos.
En estos días el Santo ya ha comenzado a trabajar y como a mi aún me quedan vacaciones, me he quedado con la Princesa y mis Santos Padres en el lugar donde siempre me gusta ir y estoy colechando. Si algo me gusta hacer en verano es trasnochar hasta las mil metida en la cama leyendo, escuchando la radio, navegando por Internet… Me las prometía yo muy felices, pero más se las prometió la Princesa y lleva unos días durmiendo conmigo y lo que le queda. He de decir que el comienzo de la noche no es malo porque se duerme bien aunque tenga la luz encendida y la radio puesta pero hasta que le vence el sueño estoy sometida a un tercer grado parecido a la de la Gestapo: ¿qué lees? ¿qué escuchas? ¿quién es el señor que habla? ¿le conoces? (desde que trabajo en la radio se cree que todos los que hablan en la radio son mis amigos) ¿de qué hablan? ¿hay radio de pequeños?… Solventado el interrogatorio, lo peor está por llegar. ¿Cómo es posible que con el Santo (1,70 y 80 kilos) ni nos rocemos, cuando no queremos, y con la Princesa (1,20 y poco más de 20 kilos) sienta constantemente su presencia en mi espalda? En particular, su rodilla derecha tiene ya su hueco en mi costillar izquierdo, ¡oye, cómo encaja! Vale que la cama es de 1’35, pero es muy injusto que yo tenga que dormir en 20 cm. y ella en el resto. Bueno, ella y Lolo y Teddy, el oso apestoso.
Y como no me creo que los colechadores disfruten de dormir con una rodilla incrustada en cualquier parte de su cuerpo o que adoren descansar al filo de la cama, he llegado a la conclusión de que esto es un arte y que un buen colechador nace o se hace desde la más tierna infancia y no se puede improvisar así de buenas a primeras. Eso o que yo soy muy exigente a la hora de dormir, que creo que no es el caso porque me duermo de pie si es necesario.
Y aunque al principio he dicho que no soy partidaria del colecho, lo si que me gusta es sentir como me acaricia la cara con su manita en mitad de la noche o escuchar la respiración pausada y relajante del sueño de un niño.

 ¡¡FELIZ LUNES!!

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