Lobo, León, Caridad, Angustias…

Erase una vez una joven pareja que, tras el nacimiento de su hijo, fueron a escribirle en el registro. Durante un buen rato escucharon los nombres de los niños que, como su retoño, habían nacido recientemente: Ian, Ares, Izan, Dayron, Sofía, Sofía, Sofía, Lucía, Lucía, Lucía, Alba, Alba, Hugo, Hugo y otro Hugo más… Y entonces llegó su turno:
¿Nombre del niño? Preguntó la funcionaria
Lobo, contestaron los padres
Buff, no sé si puedo. Esperen que voy a preguntar– le dijo la señora mientras marcaba un número de teléfono:
– ¿Caridad? Aquí hay unos señores que quieren poner a su hijo Lobo, ¿se puede?
La funcionaria escuchaba atentamente a Caridad. Colgó y volvió a marcar otro número
¿Angustias? Aquí hay unos señores que quieren poner a su hijo Lobo, ¿es de tu negociado?
Y después de una larga charla, la Srta. Caridad le contestó a los padres que en un principio parecía que no podría ser porque podía ser ofensivo para el niño pero lo iba a consultar con D. Arsenio de Felipe que era el que sabía de esto. El Sr. de Felipe fue tajante: imposible aceptar Lobo como nombre de pila porque se trataba de un apellido común en España y podía dar lugar a equívocos. 
Como Caridad, no estaba muy convencida, insistió llamando a otro jefe, Delfín García.
-¿Paloma?  ¿Está tu jefe? Pues cuando salga de despachar con D. Ignacio León que por favor se ponga en contacto conmigo.
Y así fue como los padres tuvieron que recurrir a un juez, León de Carlos, para solucionar su problema.
Esto es España. 

¡¡¡FELIZ LUNES!!!

 

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