Me quito el sombrero antes ellos

El martes fue un día intenso. Las cosas del destino hiciera que en el trabajo nos coincidieran dos eventos, uno de gran magnitud. Así que a las 9.30 me subí a los tacones y me bajé a las 10.30 sin parar. Un día estresante, de mucha tensión y agotamiento. Cuando entraba en mi casa a las 11 de la noche no me lo podía creer. A las 12.30, después de contarle al Santo mi día y recoger cuatro cosillas por fin estaba en la cama, pensando que tenía 6 largas horas por delante para volver a coger fuerzas y empezar un nuevo día con las pilas cargas. Pero… a las 2.45 la Princesa parecía que se iba a despertar. Salté de la cama como un cohete para que no lo hiciera y tras oír la voz de mamá y sentir sus caricias, volvió al estado de inconsciencia (una madre siempre sabe cuando su hijo está en estado de duerme vela o cuando está KO total). Me no me había acurrucado todavía, cuando sentí de nuevo a la Princesa y cuando llegué a su cuarto había vomitado en la cama. Asustada como un perrillo, la tranquilicé vi que todo estaba bien y procedí a su aseo. De camino al cuarto de baño, volvió a vomitar esta vez en el suelo. Así que a las 3 de la mañana me puse a cambiar sábanas y a fregar suelos, mientras el Santo duchaba a la peque. A las 3.30 todo volvía a estar en calma. Yo en la cama de la Princesa y ella con su papi en la cama grande. Bueno, todavía me quedaban 3 horitas… No pasaron 5 minutos desde que llegó la normalidad, cuando la fiesta volvió a empezar. Esta vez en mi cama. Y ya cerca de la 4 me puse de nuevo a cambiar sábanas y también a poner la lavadora. Cerca de las 4.30 el baile de las camas terminó con el Santo en la habitación de la Princesa y yo con ella en mi cama. Y esta vez me llevé el barreño por si las moscas. Y menos mal, porque hubo una cuarta, una quinta y hasta una sexta y séptima vez. Así que las dos horitas que me quedaban para descansar se convirtieron en cabezadas de 20 en 20 minutos. Y ayer, a trabajar. 
De camino al trabajo no puede quitarme de la cabeza a los padres de niños enfermos. Pero enfermos de verdad y no con una simple gastroenteritis. Ayer estaba reventada y eso que fue una noche. Vale, después de un día agotador. Pero una noche. Pensaba en esos padres que, además del sufrimiento de ver a su hijo enfermo, acumulan el cansancio de una noche y otra y otra. Y después van a trabajar y rinden y bromean con sus compañeros y acuden a eventos y disfrutan. Siempre como si hubieran dormido 8 horas. Y regresan a casa y vuelta a empezar… Digno de alabanza. Desde aquí todo mi apoyo, admiración y respeto. Me quito el sombrero ante ellos. 
Por cierto, la Princesa hoy sana como una pera. Así que… ¡al cole!!
¡¡¡FELIZ JUEVES Y, POR FAVOR, DISFRUTAD DE LA VIDA COMO SI NO HUBIERA UN MANAÑA!!! 

 

4 Responses

  1. 19 septiembre 2013 at 11:50 am

    ay pobre,,, que se mejore! Y los papis que descansen, que el fin de semana esta cerca

  2. Anónimo
    Responder
    19 septiembre 2013 at 1:33 pm

    Qué razón tienes! La salud es lo más importante de TODO, sin salud no hay nada. Qué suerte tenemos de que nuestros hijos sean sanos y felices por encima de que sean más o menos guapos, listos, habilidosos, etc.

    Bss

  3. 20 septiembre 2013 at 6:25 pm

    Tienes absolutamente toda la razón, si yo que aún no tengo hijos a veces no puedo ni conmigo no sé que será de mi cuando los tenga jeje. Por cierto te dejé un regalito en mi blog para que pases por él.
    Saludos
    Ruth
    http://casamairim.blogspot.mx/2013/09/ceremonia-de-entrega-de-premios.html

  4. 21 septiembre 2013 at 11:57 am

    Hola! Acabamos de encontrar tu blog y te seguimos desde ahora 😀 Ojalá que también te guste nuestro espacio!

    Un abrazo muy fuerte de parte de los tres 😉
    http://www.melodiasporescrito.com

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