Nos estamos volviendo locos

Ayer fue un día absolutamente prenavideño para mi, que formo parte de una familia europea con poder adquisitivo medio y me dejo llevar por la vorágine consumista de estas fechas. Durante el día ayudé a preparar los regalos que mi empresa envía a sus compromisos y por la tarde pasamos la tarde en un centro comercial, donde cortamos el pelo a la Princesa, compramos un par de cosas de primera necesidad y recorrimos la parte de juguetes de una gran superficie para ver si la Princesa ya se centra y no se pide todo el catálogo a los Reyes. Para nosotros, como digo, todo normal. Pero cuando llegué al coche y puse la radio se me empezó a encoger el corazón al escuchar como Carlos Alsina narraba el ataque a un centro escolar para niños en Pakistan que se había cobrado la muerte de 148, entre ellos 132 menores y cómo los talibanes se habían atribuído el ataque manifestando que querían vengarse del ejército paquistaní atacando a sus familias para que sintieran  su dolor. Así, si más. ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Nos estamos volviendo locos? La semana pasada Sydney, esta Pakistán y mañana aún no lo sabemos. 
Aparqué en la calle y según iba dirigiendo mis pasos hacia casa sentí una sensación agridulce muy incómoda. Por una parte, pensaba la suerte que tenemos en España por nos sufrir estas barbaries, aunque por otra pensaba en esas pobres familias. Y lo peor de todo, y lo que más me hace sufrir, es que desgraciadamente ni tú que me estás leyendo ni yo podemos hacer algo para evitar que estas locuras pasen, más que educar a nuestros hijos de la mejor manera posible para que siempre crean que nada ni nadie merece la pena como para matar a un inocente. 

¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!
(Aunque quiera una vez más bajarme del mundo)

1 Response

  1. 17 diciembre 2014 at 6:10 pm

    Ante estas situaciones, siempre recuerdo que hace unos años hablando en el trabajo dije que llegado un punto la locura del mundo, lo único que podía pedir, que mi entorno, mi entorno más cercano, tuviera un poquito de paz y tranquilidad. A los dos o tres días fue el atentado del 11M. Yo no vivo en Madrid… pero de repente me acordé de amigos, conocidos, que sí viven allí. Y hasta que supe que estaban todos bien… sentí un enorme ahogo. Y me dí cuenta que incluso esa solicitud tan "normal" se había convertido en algo complicado.
    Y sí, a veces dan ganas de gritar: que se pare el mundo, que me quiero bajar un ratito.

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