Cerrado por reformas

Pues eso. Que ya va siendo hora de que le de un lavado de cara al blog y me he animado a hacerlo. Bueno, a buscar a un profesional que me lo haga (ya te contaré). Y si hace unos días anuncié que volvía, hoy me toca pediros un poco más de paciencia. Porque ya que me voy a meter en reformas, también me mudo. Y como todo el que se muda sabe que es absurdo comprar muebles antes de tener la nueva casa (porque luego hay que hacer más mudanza) pues eso mismo me pasa a mi. Para qué escribir aquí si luego me voy a tener que ir a mi nuevo blog. Más trabajo (y tiempo). Así que en breve me seguiréis encontrando www.corriendosinzapatillas.com.  Ya os avisaré.

¡¡Gracias por vuestra espera!!! ¡¡¡Volveré!!

Tenemos que hablar

Muchos días sin escribir. Demasiados. Pero no sé que me ha ocurrido con el mes de septiembre que se me ha ido volando. Y por primera vez, en casi 6 años, se me ha pasado por la cabeza cerrar el blog. No hay nada más triste que un blog abandonado y en eso es lo que se estaba convirtiendo mi querido Corriendo sin zapatillas. 
Pero en los últimos días he tenido la necesidad de volver a este cuaderno de bitácora. Quizá haya sido porque tengo muchas cosas que contar, que compartir y por las que luchar. Quizá porque me paso el día entre bloggers que me dan mucha envidia cuando veo sus publicaciones. Quizá porque escuché a Lucía (Baballa) en Buenos días Madresfera y volví a sentir aquello que un día, leyendo su blog, me impulsó a escribir el mío. Sea como fuere, el hecho es que vuelvo con ilusión, y con algunos cambios. 
Vuelvo siendo una, salvo alguna colaboración. La Doctora sin Zapatillas me deja para emprender nuevos proyectos (no me quedaré muy lejos por si me necesita). Salvo su rincón, todo seguirá igual: iré subiendo recetas, seguiré hablando de maternidad (¿de qué si no?), de menopausia, caerá alguna perla de la Princesa y alguna manualidad (si es que me sale alguna). Incorporaré alguna sección (de libros me apetece mucho) y/o de viajes ¡quién sabe!
En cuanto al diseño… ¡con todo lo que quiero a este blog y lo poco que me gusta su apariencia! Lo veo viejuno. 6 años son muchos para que no haya habido cambios. ¡Renovarse o morir! dicen por ahí. Así que creo que ya va siendo hora de un lavado de cara (lo digo públicamente para obligarme). También habrá novedades en las publicaciones. Ha llegado el momento de ser realista y darme por vencida: no puedo publicar todos los días. Mucho trabajo, muchos retos, muchos proyectos y los días siguen siendo de 24 horas, para desgracia de algunos (como yo).  Los días en los que correremos sin zapatillas serán los lunes, miércoles y viernes. Los martes y jueves los dejo para otros.
Y ahora si, empieza el primer día del resto de la vida (espero que larga) de este blog. ¿Me sigues acompañando? 

¿Y si dejamos de poner la venda antes de que se haga la herida?

Este verano he sido muy crítica conmigo misma. Sobre todo he criticado, y mucho, una faceta de mi papel como madre. Pero el mío y de casi todos los padres que me rodean. Quizá es que he tenido tiempo para reflexionar o quizá es porque ya estoy un poquito hartita de niños tiranos, exigentes y egoístas. Y no estoy descalificando a ningún niño ajeno. Son adjetivos descalificativos (me vas a permitir el palabro) que perfectamente se pueden atribuir a la Princesa. La culpable no es la niña. Los culpables somos su padre y yo, y todos aquellos que le hacen la vida tan fácil.
No sé en que momento nos hemos agilipollado  vuelto locos y hacemos cualquier cosa para poner la venda a nuestros hijos antes de que se hagan la herida. Y en lugar de protegerles les estamos convirtiendo en personas tremendamente demandantes, intransigentes e insaciables.
¡Qué flaco favor les hacemos cuando vamos al cine porque si, a comer/cenar fuera, a tomar algo sin nada que celebrar y, lo más importante, si explicarles que aunque cualquiera de esas acciones son ordinarias en la vida que llevamos, en el fondo son extraordinarias.  Porque el dinero no crece de los árboles (por muy verdes que sean los billetes de 100 €), porque comer siempre pasta puede tener secuelas en tu organismo y porque mamá y papá trabajan mucho como para que les apetezca seguir jugando después de cenar.
Si no nos plantamos y decimos no una mil veces, si no dejamos que se caigan para ponerles la tirita con razón, si no dejamos de hacer lo impensable para que no se aburran, en definitiva, si no dejamos de anteponernos a sus necesidades, no sé si serán o no unos niños felices, pero lo que tengo claro es que serán unos adultos desgraciados porque no habrá nadie que les ponga la red cuando tengan que subirse al trapecio. 
¡¡¡FELIZ MARTES!!!  

Cómo afronto la vuelta a la rutina

Hoy vuelvo a la rutina. Ayer regresamos a casa después de mes y medio de veraneo (que no de vacaciones). Y la primera bofetada me la dio la Princesa nada más bajar del coche: “Mamá, aquí no huele a campo”. ¡Qué gran razón! Y el pájaro carpintero que nos ha dado los buenos días durante todo el verano ha sido sustituido por el claxon de un coche. Pero aún así, estoy dispuesta a vivir intensamente este otoño y disfrutar de cada uno de sus días (y eso que no es una estación que me apasione).
Siendo un verano muy divertido, sin grandes planes pero si con enormes momentos, muchos han sido los acontecimientos a mi alrededor que me han hecho darme cuenta de que la felicidad consiste precisamente en eso. En pequeños momentos que te hacen esbozar una sonrisa cuando los recuerdas. 
Y con ese espíritu afronto la vuelta a la rutina. Con la intención de disfrutar cada uno de las pequeñas cosas y momentos que me  hacen feliz. No todo es malo, piénsalo. Y si ves que nada te llena, cambia de vida porque solo se vive una vez y no podemos desaprovechar ni un solo segundo. 
¡¡FELIZ LUNES!!