Se acabó lo que se daba

Pues si. Para mi el sueño olímpico se acabó. Deseaba esos Juegos Olímpicos con todo mi corazón. Sabía que era una locura, que España no está en su mejor momento económico y, como bromeaba con unos amigos, la subida del IBI iba a ser directamente proporcional a la magnitud de los juegos. Pero los quería como la niña mal criada que quiere un capricho. Y todo porque desde que tengo uso de razón el deporte ha estado muy presente en mi vida. Al fin y al cabo en mi casa se comía gracias al deporte puesto que mi padre era deportista profesional. Me crié en unas pistas de atletismo, aluciné la primera vez que entré en el Bernabéu, vibré al presenciar en directo el campeonato de Europa de atletismo en pista cubierta en 1986, disfruté trabajando en la Copa Davis de tenis y lloré cuando ganamos el mundial de fútbol. En mi casa se ve todo tipo de deporte, desde el curling hasta el sumo si se precia. Porque no contenta con mi padre, me casé con otro amante del deporte. Así que por todo eso quería los juegos olímpicos. Pero no pudo ser. 
Y ahora ya no los quiero. No quiero un Madrid 2024. No quiero una nueva decepción. Porque ayer Alejandro Blanco aseguraba que más no podemos hacer porque no podemos presentar mejor proyecto. El proyecto era bueno, la puesta en escena excelente y las ganas mayores. Pero los miembros del COI no lo percibieron así o no lo quisieron percebir. 
Así que es el momento de retirarse. Una retirada a tiempo es una victoria. Descansemos de esta carrera de fondo que no tiene meta. Recuperémosnos, anímica y económicamente y entonces, cuanto tengamos una economía más saneada, unos dirigentes que hablen inglés en condiciones y que puedan defender un proyecto tan brillante como el de 2020, entonces presentémosnos. 
Y para los que se han alegrado de que no sea Madrid, solo decirles que respeto su opinión pero no la comparto. Hay que mirar más allá del despilfarro, del gasto y de los posibles comisionistas. Unos juegos proporciona a una ciudad una mejora en infraestructuras, potencia el empleo, el turismo y, como bien decía un antiguo compañero, se hace historia. No nos engañemos, Tokio no nos va a mejorar ni la educación, ni la sanidad.
En fin, solo pido a Dios que ya me ha concedido ver a la selección española de fútbol campeona del mundo, me permita asistir a unos juegos olímpicos aunque sea en silla de ruedas empujada por mi nieto, por supuesto voluntario olímpico. 
¡¡FELIZ LUNES Y A SEGUIR LUCHANDO POR EL SUEÑO QUE SEA!!

2 Responses

  1. 9 septiembre 2013 at 2:38 pm

    Estoy muy lejos, Argentina, pero me encantó tu relato y como transmitís la decepción, la tristeza y la realidad de tu país. Te re banco. Besos!

    • 9 septiembre 2013 at 8:09 pm

      Muchas gracias y, como argentina que dices que eres, agradecerte el cariño y el apoyo que nos dio tu país. Así lo aseguran los miembros del comité olímpico español que hasta allí se desplazaron.

      Abracitos,

      Rocío

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