Sin dejarse avasallar pero sin avasallando

La educación de un hijo es la tarea más dura y complicada que los que somos padres, y nos lo tomamos en serio, nos vamos a encontrar en la vida. Soy de la idea de que un niño es como un trozo de arcilla que moldeas con tus manos. Luego depende de si lo dejas secar al sol, o al horno, o en un frigorífico. Así se comportará después. Y a mi, mientras moldeo, me gusta levantar el pie del torno para ver cómo reacciona mi arcilla: si va cogiendo la forma que quiero o, por el contrario, tengo que seguir moldeando. Pero siempre dando espacio. Sin agobiar ni superproteger a mi jarrón. Porque sé que no siempre estoy a su lado para evitar los golpes que le puedan romper en pedacitos. Y para eso estamos los padres, para evitar que nuestros hijos se rompan por una tontería (por una riña en el patio, por una frustración en clase, por una rabieta sin más…) o para evitar males mayores. 
Y viendo la sociedad que tenemos, y la que viene, estoy trabajando el término avasallar. No quiero que la Princesa llegue a los sitios avasallando, imponiendo su criterio e intentando anular a los demás. Creo que ella no es así y espero que nunca lo sea. Como tampoco quiero que se deje avasallar por nada ni por nadie. Quiero que tenga su propio criterio y que lo defienda, desde el respeto, siempre. Que no se deje colar en la fila, ni que no le respeten sus cosas… Y en esas estamos, moldeando y moldeando, siempre desde el taller y nunca con un paraguas sobre su cabeza para que la lluvia no la estropee. Porque las cosas de niños son niños.
¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!

 

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