20.000, algo más que un número

20.000 son los fallecidos por COVID19 que, presumiblemente, haya contabilizado el gobierno cuando tú estés leyendo este post. Nos hemos habituado a levantarnos con cifras que nos permiten hacernos a la idea de cómo será nuestra vida en unos ¿días? ¿semanas? ¿meses? Antes revisábamos la previsión del tiempo y ahora eso nos da un poco igual. Ahora lo que parece primordial es conocer el número de contagiados, curados y fallecidos.

Esos 20.000 constituyen el 13% del total de los muertos por coronavirus en el mundo. Lo elevado del porcentaje dicen que es debido a que el resto de los países no están contando la verdad y en España sí se está haciendo. No me creo que ni lo uno ni lo otro. Pero me da igual porque el número, no importa.

Porque 20.000 es algo más que un número, una estadística o un indicativo de que la epidemia está controlada, o no.  Esos 20.000 son personas, con nombre y apellido, con una historia por detrás, con una familia que se queda destrozada por la pérdida de un padre, una hermana, un tío, una hija, un abuelo… No sé si somos conscientes de eso cuando de todo hacemos una fiesta.

A las 20 h. salimos a aplaudir a los que están dado la cara (aunque por detrás les pidamos que cuanto más lejos mejor, pero ese es otro tema) y aprovechamos a festejar no sé muy bien qué. Porque la realidad es muy distinta a la que nos queremos imaginar. No sabemos si la ventana de enfrente no se abre porque el inquilino ha huido;  está trabajando; está esperando a que le llamen para recoger las cenizas de su ser querido, del que ni siquiera ha podido despedirse o simplemente, ha fallecido.

Pero si 20.000 es un número vamos a compararlos con otros. 191 fueron los muertos del 11M,  y 55 las víctimas de la violencia de género de 2019.   No es comparable porque lo de ahora es una pandemia y los otros datos son frutos de la barbarie y de la perversión de ser humano. Pero el resultado es el mismo: muerte. Para esto últimos hay luto y para los de ahora no.

Y ya sean, 1, 10, 100 o 20.000 lo que se merecen todas esas personas y sus familias es respeto. Respeto que ni veo en las ventanas, ni en las banderas a media asta, ni en las moscas de las televisiones…

Hoy, como cada día, a las 20 h. saldré a aplaudir por todos: por los sanitarios, por lo que luchan por la enfermedad, por los que ya no están, por los que trabajan por facilitarnos la vida, por los que llevamos más de un mes sin salir… Pero ya. Porque aunque no se note,  España está de luto. El mundo está de luto.