MasterChef o cómo enseñar a los niños que la vida es dura

No sé que me pasa con este programa, pero con él soy una pura contradicción. Por una parte está el tema de la hora de emisión.  A la una de la madrugada me acosté ayer para ve quién se iba. Si todavía hoy fuera sábado o domingo, bueno. Pero es que es miércoles!!!! ¡Así voy hoy! Y lo peor de todo es que lo estaba grabando porque a la Princesa le encanta y ella ya está casi en fase REM cuando comienza. No logro entender ese afán de programar espacios con niños y  para niños en época escolar y  a las tantas de la noche. Debe de ser de esas cosas en las que me siento con la capacidad de opinar, pero en realidad no sé nada. 
Pues no solamente me tuve que poner palillos en los ojos para aguantar hasta el final, sino que encima me tuve que ir a la cama con un paquete de kleenex y casi un lexatin para calmar la angustia que me provocó el desconsuelo de los niños, de los que se marcharon y el de sus compañeros. ¡Qué manera de llorar!! (ellos y yo).
Y ya en la cama, intentando hipar bajito para que el Santo, que llevaba un par de horas en el mismo estado que la Princesa, me preguntaba ¿es necesario someter a los niños a este disgusto tan grande? Mira aquí el disgusto ¿Es no es para llorar? Y todo, ¿en busca de qué? ¿fama? ¿dinero? ¿oportunidad de aprender a cocinar?  Para esto último ya han sacado los campamentos MasterChef, que me parecen fantásticos, o cantidad de cursos de cocina para niños.
Y mi congoja, ¿qué? ¡Qué mal rato!
De verdad que no lo entiendo cómo a unos padres les puede compensar ver así a sus hijos. Por una parte piensas que lo que les ha llevado a esta situación ha sido una experiencia maravillosa por la que lloran al llegar a su fin. ¡Pero me resulta tan duro!
Yo creo que no llevaría nunca a la Princesa a un concurso así. De momento me libro porque ayer mismo confundió la huevos rellenos con huevos revueltos. Así que mientras vamos aprendiendo la terminología, eso que me ahorro. 
Y lo que más me tormenta, si tan poco me gustan y tan poco comparto, ¿por qué me tienen tan enganchada? Lo que te digo, pura contradicción.
¡¡¡FELIZ MIÉRCOLES!!