Hay un Pokemon en mi casa

Y en mi piscina, y en el jardín, en mi mente y en mi vida. Te guste o no, Pokemon Go es una revolución y aunque no seas usuario ya es parte del verano. Yo, por curiosidad, si que me he descargado la aplicación y me divierte de vez en cuando cazar algún Pokemon. Pero ya. Ni he salido a por ellos, no tengo una “cuchipandi” con la que quedar para ir de cacería y no vivo por y para los pokemons. Pero como usuaria creo que puedo opinar. 
¿Hay que demonizar a los jugadores de Pokemon? Pues eso es como todo. Como bien dice mi madre, entre Juanín y Juanón está Juan. Lo malo no es el juego en si, sino la gente obsesiva que juega sin descanso. Por lo demás, me parece un aliciente para que los chavales muevan el trasero. Ya he visto a las dos de la mañana a dos jovenzuelos paseando por el barrio a la caza y captura del Pikachu de turno. Yo venía de tomar una copa (todo sea dicho de paso) y ellos de caminar, ¿qué hay de malo en eso?  Los chavales de mi urbanización se pasaban las noches de verano en un banco jugando a la consola. Anoche los oía moverse de un lado a otro del jardín, celebrando sus capturas. Repito, ¿qué hay de malo en eso? Yo a su edad en esta época me podía pasar toda la tarde e incluso toda la noche sentada jugando al Metropoli, cuando no al mus, sin hacer más ejercicio que el de ir al cuarto de baño (te prometo que las partidas eran interminables).
Ahora bien, una vez más llega la eterna pregunta. Para que los niños, y digo niños, tengan acceso al juego, ¿a qué edad es recomendable que tengan su móvil? Esa es otra cuestión que no tengo clara, me imagino que porque aún es pronto. Pero desde luego a los 9/10 años (como regalo de Comunión para quien la haga o imitando a aquellos que si la van a hacer) conmigo que no cuenten. Cuanto lo tenga más claro os hablaré de ello. 
Y tú, ¿qué opinas? ¿Te has descargado el juego? ¿Hay un Pokemon en tu vida?

FELIZ MIÉRCOLES