Virus

Estoy rodeada de virus. Para empezar, llevo una semana con un catarro que le doy unas noches al Santo que no sé como no me pide el divorcio. Creo que es porque también tendría que divorciarse de hija porque entre las dos, menudos conciertos damos de toses y estornudos a dos voces. Como será que hasta la Princesa por la mañana me dice “menuda nochecita he dado”. Pero no hay nada como pasar una semana a medicamentos o siete días sin tomar nada para que se pase.
Por otro lado, los virus me atacan por Twitter. Mi curiosidad me llevó a meterme en un tuit de una tuitera conocida (no diré el nombre porque nos puede pasar a todos) y resulta que es un virus que cada x tiempo tuitea en mi nombre si quiero conocer mi edad en Twitter no sé que mierdas tonterías. Ese, de momento, ya está vencido gracias a Dacil , Teresa y mi sobrina María.
Y por último, y el más grave, el ordenador del trabajo ha sido atacado por el virus de Correos. Por lo visto se lanzó ayer y al menos ya tienen a una pardilla que ha picado. Recibí un e-mail a mi nombre, con la apariencia 100% correos y me animaba a seguir un enlace para conocer más información de una carta certificada que había llegado a mi nombre. Ese enlace me llevó a un clon de la página web de correos y ya la lié. De repente todos mis archivos se encriptaron. Me piden un rescate económico para rescatarlos. Los informáticos están trabajando en salvarlos y anoche leí que hay una manera de hacerlo que, por lo visto, funciona. Dios lo quiera porque ahí está toda vida laboral de un año y medio aquí. Así que no abráis ningún e-mail de correos si no la quieres liar, como la he liado yo.
Pero no estoy cabreada (partiría la cara en mil pedazos al listo que se dedica a hacer el daño sin más y le obligaría a cargar con mi ordenador a la espalda para que caminase sin descanso tantos kilómetros como letras hay en cada documento perdido), ni nerviosa (solo me he desvelado un par de veces, me duele un poco el estómago y me he tenido que quitar de los dientes mi férula de descanso con alicates de fontanero). Porque todo puede empeorar. Y como esa no es la actitud, voy a afrontar el día de hoy optimista y guerrera, confiando en que mis compis infomáticos (que son tan estupendos como los hombres de Harrelson) rescaten a mis pobres documentos y que los mocos desaparezcan de nuestras vidas hasta el otoño que viene.
¡¡¡FELIZ JUEVES!!

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