…y la procedencia tampoco

Sigo con mis reflexiones sobre la maternidad. Y si ayer hablaba de que el número de hijos no importa para sentirse madre, la procedencia, siempre que sea legal, tampoco. La ciencia ha avanzado muchísimo en lo que a reproducción asistida se refiere y actualmente son muchos los casos en los se consigue una fecundación cuando antes era casi inviable. Los detractores hablan de la frialdad del momento, de engendrar un hijo en un laboratorio, etc. Pero detrás de esas probetas y pipetas hay mucho amor. Pero si no se puede (o quiere) recurrir a estos métodos soy de la opinión de que siempre queda la adopción. Antes opinaba de oídas, pero ahora opino un poquito más cerca.
Hace aproximadamente 20 días, conocí a mi último sobrino por parte de los Cano (no empecéis a dar la enhorabuena a Mi Otro Yo que es hijo de un primo hermano). Para mi nació con dos años y medio y su primera foto que vi de él no fue en un hospital sino en un aeropuerto. Su llegada fue una explosión de alegría para la familia: mucha emoción, lagrimas, risas y por encima de todo la cara de un niño ilusionado y unos padres agotados y desbordados por tanta satisfacción. Porque el embarazo fue larguísimo (ríete tú del de los elefantes), lleno de sobresaltos y dificultades. Pero lo importante es que los farragosos trámites llegaron a buen puerto e Ignacio Cano IV ya está aquí. Y que os voy a contar de él. Que nada más verle no le saqué parecido ni a su padre ni a su madre. Pero según me van mandando fotos, ya le voy sacando. Tiene la misma sonrisa que su madre (esa que se puso el día de su boda y que la convirtió en una de las novias más guapas y radiantes que he visto en mi vida), le gusta el mar y en eso se parece a su padre, tiene buen saque y eso es muy de los Cano, poco a poco se va acercando a  la música, como su tía Almudena y desde el momento de pisar la tierrina, ama a Asturies (no hay más que verle con la bandera enrollada) como sus padres. En cuanto al físico es del equipo rubio de los Cano (como Javier, Jorge, Pablo y Mónica). En definitiva, mi nuevo sobrino es una angelito caído del cielo que no sólo ha hecho feliz a sus padres, sino que ha conseguido que los primos Cano volvamos a estar en contacto.
Y si, Nacho es el hijo de mi primo Nacho y ya corre por sus venas la sangre de los Cano como corre por las venas de la Princesa. 
Así qué sí el número no importa, la procedencia tampoco (siempre que sea legal) para conseguir que alguien te llame mamá. 

  • ¡¡¡¡FELIZ MARTES!!!
  • 2 Responses

    1. 29 julio 2014 at 4:42 pm

      esa entrada si que me ha gustado!! y hasta me ha emocionado

    2. 29 julio 2014 at 8:44 pm

      Totalmente de acuerdo! Ser padres no es solo engendrar sino luchar y cuidar a un hijo. Mis hijos no son hijos geneticos y te puedo asegurar que no los cambiaria por el mas bonito de mis ovulos. Un abrazo.

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